Entre libros y letras

Y de repente me veo caminando por un camino blanco, más bien, por unas lineas de un asfalto o, mejor dicho, de párrafos largos.

Me veo recorriendo, me veo yendo con mis ojos por continuos senderos, cuentos y relatos.

Estoy aquí, caminando hojas e imaginando historias.

Atravesando lineas de letras y rubricas, donde, de repente, en una esquina una coma me grita que tome aire y corra.

Me grita que corra porque ve que detrás mio me persiguen interrogantes y signos de admiración.

Corro, un poco loco pero en fin corro, dejandome llevar por la imaginación de letras que voy pisando.

Letras que están plasmadas en lineas de párrafos, puntos y aparte, y papeles blancos.

Papeles blancos con aroma a letras y experiencias embutidas en dos tapas y con títulos limitados.

Títulos con números en sus paginas y abrazados a un condicionamiento de descripción e interrogación.

Paginas hermanas que voy saltando y que a veces son difíciles de abandonarlas en noches desoladas, oscuras y apasionadas.

Abandonarlas sin tener en cuenta que luego son reproducidas en pensamientos y sueños, sin tener en cuenta que quedan y se absorben en el inconsciente interno.

Inconsciente que se encuentra con letras y palabras, tratando éste de configurarlas e interpretarlas.

Letras que tienen sensaciones y emociones que solamente se sienten con un libro de rubricas negras, hojas blancas y paginas hermanas.

Donde Arial se hace presente, seductora y atractiva, convenciendo a la prensa de que es la más fina.

Atracción que cada lector se da cuenta a la hora de jugar con ella, sabiendo de que en algún momento los va a atrapar con puntos y comas, y acentos.

Y de repente se abre un paréntesis o una llave y me explican que los signos de interrogación y de admiración ya no me persiguen y son explicados, pero que a veces no son tan claros.

Explicación que solamente es entendida por el inconsciente por medio de las letras y libros, viejos o nuevos, pero que en fin, llenan y se apuntan, alimentan.

Letras y libros con aroma a sabiduría y conocimiento, libros y letras que son píldoras o antídotos que curan y sanan heridas de las ignorancias más vanas.

Heridas que son entendidas por escritos y analogías, donde la verdad no es tan real y es criticada, censurada.

Critica y censura que uno debe hacer ante un libro y ante letras, porque todo libro y toda letra tienen un poco de verdad, pero que aún así llevan un poco de mentiras incrustadas.

Mentiras que no completan verdades literarias porque los lapices de los escritores son imperfectamente humanos y egocéntricos.

Egocentrismo e imperfeccinismo que a uno lo atrapa, lo lleva, lo viaja, tan así que puede llegar a sencillismo y perfeccionismo.

Pero a veces no soy consciente de lo que leo hasta que ese libro, esas letras y esas palabras me cambian el inconsciente para luego ser consciente de ese contendiente.

Y a veces escribo palabras, letras y renglones que no son mías, sino del inconsciente, que hablan de mí, pero que son del “yo” interno, porque creo que solo soy un instrumento de ese “yo” que esta muy dentro, en el cual interpreto que quiere viajar, quiere escapar de ese oscuro intrínseco.

Y de repente letras, de repente libros, de repente mi mente en un limbo, en otra dimensión quizás o, tal vez, viajando pero no se bien donde, lo que si se es que de repente creo y me veo caminando por un camino o, tal vez, un mundo de libros, de cuentos y relatos abiertos.