EL JUEVES DE SOFÍA

Escribir es escapar

Monotonía compleja

Sentimos y pensamos ¿Qué será de nosotros si actuaramos según nuestras convicciones o mejor dicho que será de nosotros si hacemos lo que me gusta y dejamos de lado lo monótono, lo aburrido, lo cotidiano? Realmente no sabemos lo que sería de nosotros, pero lo que si estamos seguro y convencidos es que llevaríamos una vida mejor, no es que no la tengamos sino que lo que nos pasa por la cabeza son pensamientos que luchan constantemente y la verdad a veces queremos estar en paz consigo nosotros mismos, necesitamos esa paz, necesitamos acallar esa pelea constante de pensamientos.

Igualmente creemos que vamos mejorando en este asunto o quizás dándonos más los gustos, dandonos más cuanta de que hay derrotas contantes que se disfrazan de educadoras para poder enseñarnos y aceptando más que la vida es de una manera diferente que la que uno se construye o se pinta en la mente o proyecta de ella. Después de todo la historia que plantea la mente es más dura, severa y áspera que la historia que presenta o nos dibuja la exterioridad real.

De todos modos sentimos que todo, de alguna u otra manera, va para donde nosotros queremos que vaya o es lo que podemos creer y hasta donde la mente nos las cuenta.

Es algo que va ocurriendo y que nos damos cuenta de lo que hacemos en cuanto lo hacemos, en el momento, en el tiempo presente, porque esas pequeñas cosas que vamos construyendo en el día a día son pequeñas y sutiles, pero de algún modo vamos formando esas diminutas metas que vamos ganando.

Son pequeñas, pero el hombre para poder mover montañas empieza apartando piedritas y esta analogía hay que entenderla a partir de que lo que hagamos todos los días, cada hora, suma, hay que saber que esas diminutas acciones construyen.

Creemos entonces que lo que estamos haciendo no es más que la suma de cuestiones tediosas que al final deben ser así para poder llegar hacia a donde queremos llegar, creemos que el camino es sufrible con momentos de dicha y placeres, pero hay que estar tranquilos, hay que dejar que lo que hagamos en pequeñas cantidades se realicen de un cierto modo y que ese juego juegue solo.

El camino, no importa cual elijamos, es muy difícil de transitarlo, es muy complicado caminarlo, pero el simple hecho de hacerlo es algo que en nosotros edifica, la cuestión es seguir recorriendolo, parar a descansar si es necesario, pero ir llegando, ir andando.

Entonces y al fin, creemos y nos convencemos de que lo que creemos es nuestro sostén y que allí vamos, esto nos hace fuerte, nos hace resistentes, no hace actuar con resiliencia, nos hace agentes convencidos de nuestras convicciones.

Y al final lo monótono se vuelve complejo, variable.

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