Voces constantes

Escucho voces atrapadas en mi mente, voces que no cesan, que están en un rincón de mi cabeza, que luego se trasladan a otro, desquebrajando mis ánimos y animando mi tristeza.

Gritando y hablando, de una manera descomunal, sin parar ni pedir permiso, solo van de aquí para allá, porque en fin no les queda salida, están atrapadas en una cantidad de materia gris y blanca.

Voces que fluyen, que lastiman, que son difíciles de controlar, que simplemente no me dejan en paz, y que si busco la manera de apaciguaras se quejan y lastiman aún más.

Trato de no escucharlas, pero indudablemente son como puntillazos que no son fáciles de evitar, que indefectiblemente, se quieren quedar, que no se cansan de denigrar y que eliminan toda energía vital.

Con ellas encima, mi mente experimenta un vacío descomunal, un vació muy oscuro, que cuando quiero calmar solo son acciones vanas en la cual no llegan a mejorar, sino mas bien a empeorar.

Pero en un momento dado de un mismo día, mi cabeza genera un espacio en blanco, tal vez gris, un espacio en el cual se manifiesta todo un momento de felicidad.

Felicidad momentánea en una pendiente horizontal de mi más rotunda vida existencial, quedando así un renglón en el cual escribir y expresar mi imaginación de una manera más espectacular.

Luego de ello, un estallido emocional en la cual se acallan las voces un poco más, se silencian por minutos, quizás horas, pero que es la expresión más vivaz de la tranquilidad, expresión más tenaz de la paz.

Esto llega en el momento en que estoy solo, que me entiendo y comprendo, en el momento que se que hoy puedo descansar, puedo aprovechar el aquí, el reloj sin engranajes, el tiempo sin movimiento, sin esa percepción temporal y sin esa presión de ansiedad.

Pero a la vez me doy cuenta que mi ser, mi cuerpo, mi mente y mi espíritu me piden con ansias, esas relaciones de amistad, esos momentos placenteros de compañía, de charlas intratables, de comunicación plena y miradas verdaderas.

Como también caricias, sonrojos y sonrisas, con un tacto caluroso, y con voces suaves y calidad, externas.

Aunque de todos modos esas voces permanezcan en mi constantemente, se que tratarlas son una batalla espectacular diaria, pero sin ellas, no seria, simplemente no seria quien me considero que soy, sin ellas seria rígido con mis ideologías y pensamientos.

Pero lo terrible es que duelen a veces y me llevan a la tristeza, al sufrimiento, a una vida más monótona, aburrida.

Sin embargo, creo que el existencialismo humano se trata de eso, pues, el existencialismo es vivir sufriendo, es decir, vivir es sufrir, pero debo saber como sobrevivir a ese vivir, ya que, sobrevivir es encontrarle un sentido al sufrimiento.

Ese sufrimiento es normal, es humano, esta bien que sea así, se que sí, después de todo entiendo que el sufrimiento es un dolor, un dolor que debo experimentar ya que este es el acto en el cual la psique realiza como acción para poder solventar o apaciguar el equilibrio que perdimos.

Por ello, comprendo y entiendo que, esas voces ásperas y continuas son parte de un miedo en el cual estoy transitando, pero que ese miedo se hace presente porque estoy saliendo de una zona de confort que si bien es cómoda y difícil, al mismo tiempo, de salir de ella, es lo que creo que es correcto en este momento.

Voces que llaman e intentan ser demostradas, voces que provocan dudas, voces que callan y hablan al mismo tiempo, voces que empujan pero que a veces desaniman, voces que escucho y que no paran de decirme que es bien y que es mal, voces que preguntan, que cuestionan, que analizan y controlan, voces que provocan lagrimas pero que cuando se silencian y callan estalla la euforia apasionada.

Constantemente voces.