L’homme de la machine

El hombre maquina es frío y aparatoso, se aleja y no se interrelaciona; conversa poco y no juega. Su rutina es siempre la misma, monótona.

Cree que es todo, que sabe todo; cree que es indestructible, no se enferma.

Su flexibilidad es limitada, su capacidad de interpretar emociones finita; se pregunta constantemente que es el amor y la tristeza, y aún así cuando consigue información conceptualizada jamás entiende a que se abocan esas respuestas.

Es duro, sus pasos y acciones son cortantes, son repentinamente repetitivas, son juegos de mismos algoritmos.

Sus sentimientos y pasiones no llegan muy lejos, tan solo ve en pantallas lo que pueden llegar a significar, pero aún así jamas entendería a que se refieren.

Sus enfermedades son lubricadas y sus ralladuras remplazadas. Entiende todo lo que la humanidad no llega a entender, sin embargo, no entiende nada lo que los humanos comprenden.

Sus intentos de querer ser más como nosotros le producen chispas dentro de sus nervios cablegramáticos y circuitos enlazados. Busca siempre la verdad y las conclusiones, tan igual como los seres humanos, pero él la tiene al instante y sin titubear.

Se aboca al materialismo y no tanto al espiritualismo, es decir, su idea de que lo más importante en el universo es lo derivado a la materia, el cuerpo. En cambio, piensa que los fenómenos espirituales o mentales se derivan de esa materia.

Es ahí donde él dice que toda la naturaleza es una conjugación de maquinas autónomas, no hay nada más que materia, y de ahí empieza y termina su mundo.

Cree que el arte de gozar se aboca a la tendencia de los cuerpos y que el sentido de la propia existencia no hay que buscarla fuera de ella, sino que la encontramos dentro de la misma.

Este supone que el alma no existe sin el cuerpo, pero a la vez, como es materia y por tanto pasivo, no puede moverse sin el alma.

Este hombre cree que los fenómenos corporales y los fenómenos psíquicos convergen y se relaciones de modo completo y sin titubear, es por eso que él dice que cuando la sangre esta circulando muy rápidamente el alma no puede dormir.

Es por eso que este Hombre maquina cree que cuando los psicoanalistas piensan que una persona se puede curar mediante un dialogo mental o ideal, es decir, a través de las ideas y del pensamiento, él discierne con esto explicando que probablemente el sustrato de la génesis del problema esta en el cuerpo y produce ideas desordenadas.

Explica que solo cuando el cuerpo esta enfermo tiene ideas enfermas, por ello dice que la meta psicología de los psicoanalistas tiene que comprender y abocarse en curar el cuerpo si quiere que la mente se sane.

El hombre maquina se da cuerda a si mismo y afirma que todo conocimiento esta en el cuerpo, en la materia. El cuerpo de todo se encuentra en la naturaleza, en la maquina de la naturaleza.

Ser maquina, sentir, pensar, saber distinguir entre el bien y el mal, así como el verde y el amarillo, en una palabra nacer con inteligencia y un instinto seguro de la moral y a la vez no ser más que un animal, no son cosas más contradictoria de lo que son ser un mono o un loro y saber darse placer a si mismo.

La maquina supone que las facultades mentales dependen de las facultades corporales, es decir, que la mente depende del cuerpo.

Es ahí cuando el hombre se vuelve maquina, es ahí cuando el sentimiento frío de un ser humano soporta todo tipo de impactos externos y aparece el ego.

Lo vemos, sonríe, intenta ser para con nosotros, pero le cuesta, su metafísica es distinta que la nuestra pero igual quiere e intenta convivir con nosotros. Es erudito, es apático, abandonado, dejado y nos damos cuenta por su frialdad.