Distancia

Para la física es la longitud de la trayectoria que hace un objeto entre dos distintos puntos.

Para la geometría es una magnitud que mide la lejanía o cercanía entre dos cuerpo o individuos.

Para las matemáticas es el largor del segmento de la recta que une dos puntos expresados numéricamente.

Para mi es la porción de espacio o de tiempo que media entre dos cosas o sucesos.

Para vos es simplemente la diferencia notable entre una cosa y otra.

Para mi es algo interminable.

Para vos algo es incalculable.

Pero los dos sabemos que la distancia es mucho más que eso; sabemos que no son solo definiciones; sabemos que es la responsable de todo y que no es solamente un trecho.

Los dos sabemos que en ella hay obstáculos inefables y que el tiempo pasa muy lento por culpa de ese espacio intermedio entre nuestros lugares eternos.

Ella y su primo hermano el “tiempo” que cuando se complementan nos hacen odiarlos por el frío que emanan nuestros cuerpos.

Ella y él son los responsables que las cosas no sean corporales, que el tacto y los besos se disminuyan, se amarguen, se extrañen.

Ella y él que son los responsables de que los ojos se mojen, que las lagrimas sean eternas y que las esperanzas no dejan de gritar pidiendo que dejemos de esperar.

Por ella y por él muchos caen y no se dejan levantar en esa eterna caída, las penas llegan a agotarlos o ahogarlos, y jamás saben cuanto falta para terminar con ese vacío distante.

Para nosotros es un demonio que no podemos comprender, nos hiere, nos lastima, nos cansa, es una tormenta incesante e interminable que no para de abrumar nuestras mentes pensantes.

Estamos cansados de buscar la manera de encontrarnos, pero seguimos, igual nos encontramos; un día más miramos el mapa y tu casa y la mía cada vez más se van alejando; un día más esperamos que nada repercuta; un día más esperamos que nada influya entre estos cuerpos alejados.

Faltan besos y caricias; falta piel y calor; falta el aire cuando la distancia asfixia; faltan esos labios en la verdadera realidad; faltan esos labios que tan solo podemos soñar.

Vos allá y yo acá, comprender y entender es lo único que nos queda, permanecernos de pie, no caer en la angustia infinita e incesante, permanecer de pie y soñar con ese lugar sin parar, ya se va a dar.

Lo único que nos queda es ese mundo detrás de un teléfono, que cuando se cuelga nuestro corazones y sentimientos empiezan a aflorar, aquí es donde los pensamientos no terminan más y se pelean entre ellos sin parar.

Y por un segundo nos damos cuenta de lo que esto conlleva, por un segundo espesamos a buscar escusas con pocas conclusiones, pero que sin darnos cuenta seguimos así, porque nos gusta saber que esta distancia no nos va a quebrantar.

Lo único que nos queda son las palabras de esas largas llamadas con finales interminables, lo único que nos queda es confiar en nosotros mismos y en que esa maldita distancia, que nos agarra del cuello a ambos y nos asfixia hasta cortar nuestras exhalaciones e inhalaciones, se nos acorte por completo, al igual que el tiempo negador de nuestro tacto corporal y sentimental del espacio/tiempo más espectacular.

Y a mi lo único que me queda es decirte en el estado en que me encuentro, tengo que decirte en mi tono más alto, porque aún cuando lo yo niegue se que es lo único en lo cual me aferro; aún cuando lo niegue se que es lo único que es intenso; aún cuando lo niegue se que lo único que es verdad es que te extraño con todo mi ser completo.