El realismo aristotélico – Sección 7

Aristóteles polemiza contra Platón. A pesar de que le tiene su máximo respeto, tal así que lo llama maestro, polemiza contra Platón. Y las objeciones que Aristóteles formula contra la teoría de las ideas de Platón se pueden reducir en seis grupos.

En primer lugar, la duplicación innecesaria de las cosas. Aristóteles muestra que ese mundo de las ideas, que Platón construye metafísicamente con el objeto de “dar razón” de las cosas sensibles, es una duplicación del mundo de las cosas que resulta totalmente innecesaria. Es aquí donde la teoría de los dos mundos (el mundo sensible y el mundo inteligible) establecida hace dos siglos antes por Parménides, es decir, la duplicidad de mundos, es insostenible. No hay un mundo inteligible de ideas contrapuesto y distinto del mundo sensible.

El segundo grupo de objeciones que Aristóteles hace a Platón es el de que el numero de las ideas tiene que ser infinito, porque, dice Aristóteles, si dos cosas particulares semejantes son semejantes porque ambas participan de una misma idea (la “participación” es la “metaxis” de Platón), entonces, para advertir la semejanza entre una cosa y su idea hará falta una tercera idea y la cosa, una cuarta idea y así infinitamente. De modo que la interposición de una idea para explicar la semejanza que existe entre dos cosas supone un numero infinito de ideas.

El tercer argumento que Aristóteles formula contra Platón es que si hay ideas de cada cosa tendrá que haber también ideas de las relaciones puesto que las relaciones las percibimos intuitivamente entre las cosas.

A este argumento se le añade otro, el cuarto, que si hay ideas de lo positivo, de las cosas que son, de las cosas que dejan de ser, por ejemplo si hay idea de belleza hay idea de fealdad. Esto multiplicaría el números de ideas.

Como quinta objeción Aristóteles dice que la doctrina de las ideas explican la producción, la génesis de las ideas. Las ideas de Platón son conceptos, definiciones simplemente, pero en ningún momento explican las cosas como advienen a ser.

La ultima, la sexta y mas importante, objeción que Aristóteles formula contra Platón es la de que las ideas son trascendentes. El transcendentalismo de las ideas le parce insostenible. No ve Aristóteles la necesidad de escindir y dividir entre las ideas y las cosas.

Para comprender la filosofía de Aristóteles no hay que olvidar que pese a estas objeciones que hace contra Platón, este fue discípulo del mismo Platón, aprendiendo de las enseñanzas filosóficas platónicas, o sea, del parmediánismo a través de Platón y conservando algunos supuestos de estas bases fundamentales del platonismo parmediánico.

En estos tres puntos podemos ver como Aristóteles conserva el platonismo. Primero, que el ser de las cosas sensibles es problemático. El punto de partida de Aristóteles seguirá siendo el mismo que para plato y Parménides, que los sentidos no es el verdadero ser, sino que es un ser puesto en interrogante, es un ser problemático que necesita una explicación.

El segundo es la explicación del ser problemático de las cosas sensibles consistirá en descubrir detrás de ellas lo intemporal y lo eterno. Y tercero que Aristóteles, aunque percibe muy bien el flaco de Parménides y el flaco de Platón (que han consistido en la esencia y existencia) seguirá el mismo también cometiendo el mismo error, seguirá estableciendo una función o discusión real entre la esencia y la existencia.

El propósito de Aristóteles es primeramente el traer las ideas trascendentes de Platón y fundirlas con las cosas reales de nuestras existencia sensible, Para ello comienza partiendo de la cosa tal como la vemos y sentimos. Y en la cosa real, tal como la vemos y sentimos, distingue Aristóteles tres elementos: un primer elemento que llama substancia, un segundo elemento que llama esencia y un tercer elemento que llama accidente.

¿Qué es la substancia? La palabra tiene en Aristóteles dos significados, uno estricto y otro lato. El estricto, es ese que mas utiliza, es el de la unidad, es el que soporta todos los demás caracteres de la cosa. Es lo que llama Aristóteles esencia. La esencia es la suma de los predicados que podemos predicar de la substancia. Ahora estos predicados se dividen en dos grupos: predicados de la substancia que si le faltara uno de ellos no seria lo que es y predicados de la substancia que si le faltara uno de ellos seguirá siendo lo que es. Aquellos primeros son la esencia propiamente dicha, porque si uno de ellos le faltara, la sustancia ya no seria lo que es, y estos segundos son el accidente, porque el hecho de que los tenga o no los tenga, no corrompe para nada que sea lo que es. De esta manera llegamos al segundo sentido del significado de la palabra substancia que da Aristóteles, que es el sentido de la tonalidad de la cosa, con sus caracteres esenciales y accidentales. En ese sentido para Aristóteles lo que existe metafísicamente son substancia individuales.

La respuesta a la pregunta ¿Quién existe? es para Aristóteles esta: existen las cosas individuales, lo demás no existe, son substancias secundarias, que tienen más que existencia secundaria, el ser que consiste en ser predicado o predicable, pero nada más.

Pero no se contenta Aristóteles con traer las ideas del cielo a la tierra. Recuerden que las criticas fundamentales hacia Platón, consiste en reprocharle que las ideas no tiene actuación, no actúan inoperantes, no tienen fuerza genética y generadora. Aristóteles al traer las ideas al mundo de las cosas, quiere darles fuerza genética y generadora. Lo mismo que en el análisis de la cosas distingue substancia, la esencia y el accidente, distingue e ahora la cosa estos dos elementos: la forma y la materia.

¿Qué es la materia? Es simplemente aquello con que esta hecho algo, puede ser también otra cosas que no sea eso que los físicos llaman hoy materia. Esa cosas esta hecha con palabras, con razones con dichos de hombre con sentimientos humanos, y no esta hecha con materia en el sentido que dan a la palabra los físicos de hoy. Materia es, pues, aquello con que algo esta hecho.

¿Y forma? Aquello que hace que las cosas sea lo que es aquello que une los elementos materiales, en el sentido amplio, entrando también en lo inmaterial. Aquello que hace entrar a los elementos materiales en un conjunto, les confiere unidad y sentido, eso es lo que llama Aristóteles forma. La forma es, pues, la esencia, lo que hace que la cosa sea lo que es.

Ahora bien, si la materia y la forma son los ingredientes necesarios para el advenimiento de la cosa, entonces ese advenimiento, ¿En que cociste? Consiste en que la materia informe sin forma, se añade, se agrega, se sintetiza con ella la forma. Y la forma ¿Qué es? La forma es la serie de las notas esenciales que hacen de la cosa lo que es y le dan sentido y finalidad.

La metafísica de Aristóteles desemboca inevitablemente en una teología, en una teoría de Dios. Aristóteles, en realidad, no cree que sea necesario demostrar la existencia de Dios, porque la existencia de algo implica necesariamente la existencia de Dios.

Lo implica de la siguiente manera: Una existencia de las que nosotros encontramos en nuestra vida, una existencia de ésta es siempre “contingente”. ¿Qué significa contingente? Significa que el ser de esa existencia, la existencia de esa existencia, no es necesaria. Contingente significa que lo mismo podría existir que no existir, que no hay razón para que exista mas que para que no exista. Y las existencias con que tropezamos en nuestra experiencia personal son todas ellas contingentes

Quiere decir que existen las cosas, como por ejemplo un vaso, una mesa, yo, ustedes, pero podríamos no existir, es decir que nuestra existencia no es necesaria. Pero si hay una existencia y esa existencia no es necesaria, entonces esa existencia supone que ha sido producida por otra cosa existente, tiene su fundamento en otra. Esta existencia no contingente sino necesaria que tiene en si misma la razón de su existir, es Dios.

Para Aristóteles no hace falta prueba de la existencia de Dios porque la existencia de Dios es tan cierta como que algo existe. Si estamos cierto de que algo existen estamos seguros de la existencia de Dios.

Sección 7

Fuente:

>Manuel García Morente (1937). “Lecciones preliminares de la filosofía” -Editorial Losada S.A., Buenos Aires.