Otoño

Lento, como queriendo entrar sin avisar.

Jugando con sus primeros vientos y lloviznas.

Un tanto vergonzoso, otro tanto temeroso.

Así y sin darnos cuenta se aproxima el otoño.

Queriendo aminorar el calor del sol y evitando juzgar.

Aún sabiendo de que tiene que lidear con sus vistas amarillas.

Acariciando las mejillas de los humanos.

Se incorpora a la cotidianidad de los mismos.

Dejando un vacío para quienes juegan.

Alimentando a aquellos que se quedan.

Dónde lo productivo se vuelve tedioso.

Dónde lo improductivo se sonroja un poco.

Ahí dónde el café y las sonatas de Vivaldi se complementan.

Ahí, y en las representaciones de esas bellas artes, pintorescas.

Así y sin darnos cuenta ya se aproxima el otoño.

Ahí dónde el arte, la escritura y la música representan lo grandioso.

Allí donde las hojas caen y los árboles se desnudan.

Dónde el frío se hace ver en la noche y la soledad es un poco oscura.

A pesar de que el verano se lo recrimina un poco.

Llegó el tiempo de apreciar este otoño.

Tal vez nuestra rutina no nos permitió escuchar.

Tal vez la monotonía no nos dejó pensar.

Tal vez hay veces que ese otoño va secando todo.

Pero sin dudas en él podemos encontrarnos todos.

Lo absurdo es que crees que podes diferenciar.

Entre ese calor inmenso y el frío otoñal.

Entre la luz del sol y la briza del viento.

Entre la fría comodidad y el cambio inmerso.

Y ahora yo no se bien que es esto.

Si fría soledad o viento.

Lo absurdo es que creo que vas a estar demasiado tiempo.

Pero este otoño no quiere que hagamos el resto.