Encuarentenados: Estar solo no es soledad

Nos convencieron, nos programaron, nos dijeron que la soledad es algo que hay que evitar. La palabra soledad esta asociada al miedo. No es estar solo, es sentirse solo. Esta sensación la podemos experimentar de todas maneras, rodeados de personas queridas o que nos aprecian, como también si no. La podemos experimentar inclusive peor con personas alrededor nuestro que cuando estamos solos e incluso hace más daño la soledad acompañada.

Nos convencieron que es mala, que no la debemos transitar porque nos lleva a lo peor, pero la realidad es que no es así ya que esta nos permite conservar nuestra identidad en medio de las circunstancias sociales y materiales que nos rodean.

La soledad fomenta nuestra autoestima y también nos protege de lo que no nos conviene. La soledad no es el aislamiento, sino el no dejarse llevar por la corriente y ser siempre consciente de lo que uno es y quiere ser.

Schopenhauer defendía que el estado ideal de las personas con inteligencias superiores es la soledad. Según el filosofo alemán las personas buscan estar acompañadas porque no se encuentran bien consigo mismas y no se soportan cuando están solas. El motivo esencial para buscar compañía es salir del aburrimiento. La mayoría de las personas se preocupan mucho por lo que hacen los demás y se preocupan también por lo que opinan de ellos. Los que tienen una inteligencia superior no se preocupan de ninguna de las dos cosas.

Schopenhauer ademas decía que “los hombre vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a si mismos”. Es por ello que saco la conclusión de que “la soledad es una suerte, es el destino o la suerte de los espíritus excelentes”.

¿Por qué esta conclusión? Porque una vez descartada la necesidad material o social, el hombre vuelve al aburrimiento, vuelve a sentirse solo, es por ello que el hombre debe encontrarse consigo mismo, debe tener ese momento de soliloquio, a pesar de que la soledad es tal vez lo peor después de la muerte, el humano la debe transitar, incluso, la transita todo el tiempo, pero no lo sabe porque la llena con las cosas materiales y sociales. Luego de tomar consciencia de ella y lograr ese tramo serán espíritus excelentes.

Es una constante, decía Schopenhauer, que “el instinto social de los hombres no se base en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad. No se busca tanto la grata presencia de los demás, sino que se se rehuye la aridez de la propia conciencia”.

Ahora bien, que el  hombre pueda estar solo no quiere decir que pueda vivir en soledad pues, como dijo Aristóteles, “el ser humano es una animal político o social, que no puede vivir aislado y sin contacto social alguno, de tal manera que un hombres solitario, que se baste a sí mismo, sólo puede ser un héroe o un ser inferior al hombre pero nunca igual”

Es decir, aquí Aristóteles nos quiere dar a entender, que somos seres sociales y que el humano no puede vivir tanto tiempo aislado del mundo, sin ese contacto de las personas, y que ese ser solitario puede llegar a ser una figura eminente o puede caer en la desgracia, la depresión o, tal vez, la muerte. Es por ello que hay que encaminar esa soledad y no dejarla a la deriva, intuirla y hacerla sabia para que nos pueda hacer fuerte e impulsarnos hacia la grandeza.

Sólo nos damos cuenta de que realmente estamos solos cuando necesitamos a otros. Estar solo es una oportunidad de conocerse a uno mismo. Nietzsche explicaba que “la fortaleza del hombre se media por el grado de soledad que era capaz de soportar”. Es por ello que empíricamente la soledad es, a veces, la mejor compañía.

Aquí Schopenhauer considera que la única razón para abandonar la soledad es el amor profundo compartido de dos espíritus superiores que se encuentran. Si no hay amor no tiene sentido abandonar la soledad.

La soledad, en definitiva, es una condición radical del ser humano que al final, como dice Ortega y Gasset, “está solo ante sus decisiones, ante su vida y ante su muerte, por mucha compañía que tenga”. La soledad, en fin, no depende de los demás, sino de uno mismo.

En conclusión, no estamos solos, estamos con nosotros mismos. Hay que aprender a caminar con la soledad, porque la soledad es lo estable, la compañía lo intermitente. Además, hay que eliminar el sentido de propiedad y comprender de que nuestro proceso de partida es un proceso individual, tal vez esto nos motive a entenderla un poco más.

¿No valdrá la pena aprender a amigarse con la soledad? Después de todo no somos humanos viviendo experiencias espirituales, somos seres espirituales viviendo experiencias humanas.