El cuento de los durmientes

Una vez, hace ya mucho tiempo, dos chicos llamados Alberto y Catia realizaron un viaje en una isla lejana de toda ciudad llamada Tristán de Acuña. Luego de tan largo viaje y tanta lucha por conseguirlo, pudieron llegar a destino. Allí, los chicos, pudieron ver que era una isla casi desierta y con muy pocas familias, pero que cada familia tenia su propia granja, con animales y vegetales, como por ejemplo, vacas, gallinas, patos, caballos y un sin fin de frutos rojos y verdes.

Esta comunidad era muy agradable, muy amistosa. Los recibieron con aprecio y alegría, ya que son muy pocos lo que los iban a visitar y, además, a veces esos pocos llegaban a ir a esas tierras lejanas. El problema era que para llegar a esta isla había que navegar mucho y era muy difícil que alguien se animara navegar por esas aguas turbulentas. Asimismo, en esa pequeña isla, había un volcán gigante y activo que a todos le provocaba un terror terrible, mucho mas a los visitantes que muy de vez en cuando iban allí.

Beto, como lo llamaba Catia, le pregunta a ella si le gustaría escalar un poco ese gran volcán lleno de arboles y selva. Cati, como la llamaba Alberto, le dice que si, que moría por ir hasta la cima. En el cual, dejaron las cosas más pesadas y robustas que traían en el barco, en una de las casas de la comunidad. En la casa de Norma, que era una mujer muy amable, y que le encantaba cuidar a sus animales. Decía que cosechar frutos y vegetales era muy placenteros para ella.

Luego de dejar las cosas y darle un gracias enorme a la mujer, Beto y Cati emprendieron un largo viaje hasta la cima del volcán de Tristán.

Ambos eran muy atletas y no les era muy difícil escalar ni caminar el gran volcán con arboles gigantes, pero a pesar de esto, siempre paraban a descansar y comían frutos frescos que dejaban los arboles de esa selva.

Después de frenar dos o tres veces y luego de un largo recorrido, decidieron hacer el ultimo descanso, ya que estaban muy cerca de la cima. Allí, vieron un fruto delicioso, brillante y de color naranja, que colgaba de un enorme árbol de hojas muy verdes y con un tronco amarillento. Esta fruta parece muy deliciosa le dice Cati a Beto. Beto, cansado, afirma su razón y le propone a Catia que lo ayude a recogerlo ya que estaba muy alto.

Obviamente Catia accedió, ya que ella estaba sedienta y cansada. Luego de arrancarlo y con ayuda de ella, Beto lo corto a la mitad y se lo dió la mitad de este. Ambos comieron sin cesar hasta terminarlo. De repente, y pasado los diez minutos, comenzaron a tener mucho mucho sueño. Tanto así que pusieron sus mochilas en el piso y apoyaron la cabeza en ellas, y se acostaron lentamente sobre el suelo.

Pasada, lo que parecía una hora, Cati muy despacio empezó a abrir los ojos. Ella veía que el día estaba soleado y con un fresco agradable como estaba hace un rato y vió, además, a Beto casi al lado suyo y boca abajo, casi tragándose la mochila. Se rió por eso y continuo, despertandoló.

Posteriormente de que Beto se levantara, siguieron su recorrido hasta la cima.

Pronto, y ya terminando el día, decidieron bajar ya que vieron todo el anillo que rodeaba al volcán que estaba cubierto de una especie de roca. Hacia mucho calor.

Al bajar y ya casi llegando la las granjas de la comunidad de Tristán, fueron a buscar sus cosas en lo de Norma. Golpearon la puerta suavemente, para no molestar, y les atendió un chico joven adulto llamado Marcelo que estaba sorprendido de la parecencia de ambos, ya que no los conocía y, además, nunca los había visto por la zona sabiendo que era un pueblo muy muy chico.

Marcelo, muy amablemente, les pregunta a quien buscaban y si en algo les podía ayudar. Beto, respetuosamente, le respondió diciendo de que buscaban a Norma, ya que dejaron sus cosas en esta casa para poder viajar hasta la punta del volcán, y que las necesitaban para poder volver a sus hogares.

Marcelo, amigablemente, les responde que Norma hace mucho tiempo ya no esta y que se fue hace varios años de aquí.

Beto y Catia, no entendían porque les decía eso si no paso mucho tiempo que ellos le entregaron las cosas a la mujer. Catia, le comenta esto a Marcelo y el vuelve a repetir lo mismo, sin comprender mucho lo que estaba pasando.

Beto le explica a Marcelo que dejaron cosas personales en la casa y que se la entregaron a la señora Norma, porque querían subir la gran montaña para pasar el día allí en la cima.

Marcelo comienza a comprender un poco la situación y les pregunta que cosas habían dejado en la casa, porque el hace tiempo se había mudado y vendió la mayor parte de las cosas que se encontraban en el lugar.

Los chicos le explicaron que dejaron unas mochilas que contenías ropas, libros y cosas personales. Eran grandes y de color rojo ambas.

El que ahora era el dueño de la casa comenzó a recordar y les comentó que si había dos mochilas de ese porte y color, pero que el ya las había vendido a otras personas y que ya no se encontraban allí. También les afirmo que no creía que eran de ellos porque las vendió hace mucho tiempo.

Los jóvenes se miraron y no comprendía que estaba pasando. Poco ahora les importaba las cosas que habían dejado en la casa, mas bien querían entender que pasaba, porque la dueña de la casa era otra persona y porque Marcelo decía lo que decía.

Entonces, le preguntaron si podían pasar a tomar algo ya que estaban cansados y quería ver si es que estaba diciendo la verdad. Marcelo accedió y los dejo entrar, sirviendoles un baso de jugo de manzana.

Mientras hablaban entre los tres, Cati se dió cuenta de que el almanaque de la casa estaba mal y era extraño, ya que era un almanaque que contenía un año que era cien años mas adelantado que el tiempo que estaba concurriendo.

Por esto, Cati le pregunta casi sonriendo a Marcelo, como es que tiene un almanaque tan adelantado y como es que lo consiguió. Marcelo, anonadado, le dice que es el año en el cual estábamos, no entendía la pregunta de la chica. Se preguntaba para sí, por qué tanta desorientación del tiempo de la joven.

Cati miro sorprendida a Beto y Beto hizo lo propio para con ella, no entendían nada de lo que estaba pasando.

De repente, se levantan de la silla en la cual estaban sentados los dos y salen de la casa casi corriendo. Van hacia el muelle y empiezan a buscar un barco que los pueda llevar hacia su país (Panamá), ya que estaban muy asustados de lo que estaba pasando.

En el puerto encuentran un señor con un buque y le preguntan si hay posibilidades de que los lleven hacia su país y cuanto costaba. El señor, amigablemente, les dice que si y que no habría problemas. Este los ve a los dos muy asustados y le pregunta a ambos qué había pasado, por qué tanta desesperación.

Los chicos le empezaron a contar en el transcurso del viaje lo que habían experimentado y que no sabían el por qué de lo que estaba ocurriendo. El marinero prestando atención a lo que estaba escuchando, les comenta que había una leyenda que rondaba en la isla sobre un fruto que colgaba de un árbol gigante y que se veía delicioso.

Que ese fruto era, sorprendentemente, hermoso y que cautivaba a quien lo veía. Este los atraía y los hipnotizaba a quien lo veía hasta el punto de que lo coman. Además, les dijo que según la leyenda este fruto hacia que el que lo consumía se quedara dormido y cuando despertaba el tiempo ya no era el mismo, sino que lo llevaba, al que comió el fruto, cien años más adelante. Les dijo que este fruto deterioraba el tiempo.

Cati y Beto se miraron asustado, sorprendidos y casi sin entender nada de lo que estaba ocurriendo, se quedaron callados y en silencio hasta terminar el viaje. Quedaron en shock.

Cuando llegaron a Panamá, le pagaron al marinero y agradecieron por su disponibilidad. Se bajaron y se fueron a la casa de Beto para entender que ocurría, entender si esta locura seguía en sus vidas cotidiana.

Al llegar a la casa, Beto se dió cuenta que sus padres ya no estaban y que había miles de cartas buscandolo a él y a Catia.

En ese momento comenzaron a llorar entendiendo de que sus familiares ya no estaban y que la pesadilla seguía en pie.

Transcurriendo los días y luego de que pasen una angustia muy grande por la falta de sus familiares, los chicos comenzaron a investigar sobre el tema, fueron a la biblioteca de su ciudad y empezaron a buscar sobre frutos venenosos y leyendas antiguas.

Con toda la información que ellos fueron encontrando, confirmaron la existencia del mismo fruto y que la leyenda era real.

Luego de salir de ese estado de “no entender nada” comenzaron a ver al mundo por el cual ahora le estaba rodeando y se dieron cuenta que había cambiado demasiado, ya que este era cien años más adelantado que el que vivían habitualmente.

Este mundo tenía particularidades muy distintas a la que solían toparse. Por ejemplo, se dieron cuenta que la tecnología que manejaba este nuevo mundo era muy eficaz, tal vez, un poco aterradora pero que a la vez facilitaba a muchas cosas de la cotidianidad de los días. Tenía su pro y su contra esta tecnología.

La gente solía perder menos el tiempo, estaba más cómoda con las cosas que les rodeaba y era muy accesible la información, muy eficaz y muy rápida. Pero también las personas se comunicaban menos, la television y unos aparatos que llamaban “celular” remplazaron a las conversaciones y las charlas amistosas/familiares.

También, los libros eran remplazados por series televisivas u “ordenadores”, encontrar papel con letras impresa era casi imposible, la mayoría de los textos eran digitalizados.

Se dieron cuenta que la individualidad se interponía sobre la colectividad en el cual, quizás por un lado, era favorable para algunas personas pero, por otro lado, era bastante injusto en cuanto a la socialización de las mismas. Ya que esto traía grande consecuencias a largo plazo, pero algunas personas utilizaban el tiempo para entenderse a si mismas, cosa que era muy bueno, pero eran muy pocas.

Lo natural se deterioraba y lo artificial se impulsaba. El humano era remplazado por cables y cosas eléctricas.

Se dieron cuenta que el amor, la amistad era un simple gesto de cortesía, era momentáneo y acababa con muchas relaciones esta situación. Afirmaron que no a todos le pasaba esto, pero a la gran mayoría le sucedía.

Las personas iban y venías, no paraban y eran hipnotizadas por la monotonía de la realidad, eran muñecos con cuerda en el cual seguían el ritmo de todos los días y no paraban con tal de producir, había mucha competencia entre uno y otro. Creían que no estaba mal pero siempre entendieron que los extremos no llevaría a una vida plena del ser humano. Faltaba equilibrio en esa nueva sociedad.

Era una locura pero a la vez bastante avanzada esa civilización. La medicina y la biología llegaban a grandes descubrimientos, las enfermedad se podían combatir más fácilmente, la física era más fácil comprenderla y las matemáticas se representaban con algoritmos y códigos computationales.

Beto y Cati creían que esta sociedad facilitaba a muchas cosas y que la individualidad de las personas llevaba a entenderse más. Festejaban la capacidad de las personas de tener distintos puntos de vista y defenderlos con buenas argumentaciones ya que la información era infernal. Les encantaba como la gente a pesar de sus diferencias argumentativas podían discutir sanamente y escuchar a las otras personas que no opinaban igual. Era sorprendente.

A pesar de que esta sociedad era muy individualista, se dieron cuenta de que la amistad tiene una percepción muy importante a la hora de relacionarse, y que el criterio de atención para con el otro se veía un tanto deteriorado. Los nuevos modelos de amistad estaban contaminados del grupo social al individualismo personal.

Sacaron la conclusión de que las personas iban saltando de una emoción a otra sin darse cuenta o sin tener en cuenta el espacio y el tiempo, estas personas eran incapaces de tomar distancia de la realidad inmediata que tenían y de apreciar el tiempo. Entraban en un cilindro de abstinencia.

Por eso los chicos creían que la solución de todos los problemas de ese mundo nuevo era la capacidad de conectarse con las personas mas cercanas, charlar de sus cosas y preguntar ¿Como estuvo su día?, desconectandoce de las pantallas y tomando plena consciencia de los momento más importantes de sus vidas, tomando consciencia de sus actos y relaciones personales.

Al fin al cabo, llegaron a la conclusión que tal vez no es tan mal esta comunidad pero que debían saber manejarla y que solo debían entenderla como una herramienta del progreso humano.

Después de todo se veían agradecidos por la situación que estaban atravesando, ya que aprendieron de esa circunstancia y trataron de seguir hacia adelante, ayudando a la gente que comprendiera estos grandes momentos que estamos viviendo de una perspectiva más humilde y racional.

Beto y Cati se enamoraron, tuvieron hijos y volvieron a viajar por todo el mundo encontrando experiencias. Y sí, volvieron a Tristan y comentaron sobre lo que había sucedido a la gente del pueblo y subieron al mismo volcán. El árbol con sus frutos ya no estaba. Desapareció, allí comprendieron que era su destino toparse con él, ya que nadie lo vio nunca.

Entendieron que esto tuvo como propósito que ellos ayuden a entrar en razón a las personas del nuevo mundo y comunicar las esperanzas de la tecnología bien manejada.

El resto es historia..